miércoles, 13 de julio de 2011

DOS ESCUELITAS MUY ESPECIALES

Como decíamos, en Baradero, la Municipalidad, desde el Área de Cultura y Educación, no nos presto mucha atención en lo que a nuestro proyecto se refiere, y por tanto tampoco nos colaboro con ninguno de los aspectos que les solicitamos, que ya hemos mencionado. Claudio Maresca, de la Asociación de Bomberos Voluntarios de Baradero, nos había hablado de una de las escuelitas de la isla. Nos contó a cerca de la situación desprotegida de la gran mayoría de las familias que allí viven, de la escuela, las características y las necesidades. 
Y a pesar de la no colaboración por parte del Municipio de Baradero, fuimos a visitar las escuelas. La visita la realizamos en diferentes días, ya que aunque sea la misma isla, es grande y las escuelas están situadas en puntas opuestas. Ambas escuelas para que se ubiquen geográficamente, se encuentran frente a Baradero aproximadamente, pero rodeadas en una orilla del Río Baradero y la otra orilla, por el Paraná, donde se sitúa la frontera entre la provincia de Buenos Aires, y Entre Ríos. Baradero no se hace responsable de las escuelas, porque no las consideran municipales, además muchas de las personas que allí viven no están registradas, por tanto no votan, por ende no existen. Y para Entre Ríos, están demasiado lejos, y sólo se hace cargo, en una pequeña parte, el Ministerio de Educación de la República de Argentina
La primera escuela que visitamos fue la nº 27, Escuela Alte. Guillermo Brown, situada en la Isla los Laureles, en el Río Baradero, que es un afluente del Río Paraná. De las dos escuelas, es a la que mas se tarda en llegar, ya que tiene un recorrido diario de casi tres horas, de ida y otras tres de vuelta.
La lancha zarpa del puerto de Baradero, cada día a las 7.15 am, cuando el frío abriga las calles porque el sol aún duerme, sale cada día la lancha llena de profesores, y va recogiendo a los alumnos por su trayectoria a lo largo del Río Baradero y del Paraná.


A su vez, desde San Pedro, próximo a Baradero, sale otra lancha, que por otro camino, también recoge a los demás alumnos de la escuela. En total, en la escuela habrá unos 95 alumnos que van desde el Jardincito hasta la Secundaria.
La escuela no posee corriente eléctrica, sino que funciona con un grupo electrógeno y placas solares. Recientemente han logrado, después de mucho tiempo un potabilizador de agua, por medio del cual pueden filtrar el agua del río, hasta poder tomarla de forma segura.


De igual manera, la gran mayoría de los chicos que allí estudian, en sus casas, de materiales vulnerables y poco aislantes como es la chapa en muchos casos, también carecen de este tipo de comodidades. Usando de manera natural y continua el agua del río para todo y sin electricidad, con lo que esto supone actualmente, sin tv, sin celular, sin luz, sin agua caliente ni fría, sin música, sin cocina, internet .... y un largo etc., sin el cual, miles de personas, jóvenes y no tan jóvenes, se sentirían morir desde el primer minuto.


Pues allí, la vida continúa, aunque a duras penas ya que es muy complicado sostener un estilo de vida, cuando alrededor nos rodea un verdadero caos, que también nos afecta a nosotros. 


En éste caso, muchos de los habitantes de la isla viven de la caza, de la pesca, del ganado y la cría de otros animales. Hoy en día les resulta cada vez mas difícil, ya que los ríos están contaminados, los animales cada vez son menos, y el espacio libre cultivable es mínimo, ya que según parece, también expropiaron de las tierras a los pobladores, dejándoles las mas vulnerables en la época de lluvias. 


Todas estas condiciones hacen de la isla y de la escuela un lugar lleno de orgullo e identidad, ya que el esfuerzo de los profesores por continuar es inmenso, el de los chicos por aprender es increíble y el de los padres por vivir y sacar adelante a sus hijos es admirable.


Además la escuela cumple una importante labor social para los chicos y las familias, ya que  por un lado, casi todos los pobladores viven lejos unos de otros y los chicos sólo mantienen contacto entre sí en la escuela y en la lancha. Además la escuela 27 esta muy adentrada en la Isla y los pobladores mantienen muy poco contacto con los centros urbanos, o lo que ellos denominan "el continente".


Con los chicos dimos un taller de medio ambiente, tratando de adaptarlo al máximo a sus condiciones de vida y necesidades. Ya que se les puede hablar de contaminación, de daño ambiental, etc., pero siempre desde su perspectiva, ya que hay miles de elementos dañinos o perturbadores del ambiente, que ellos desconocen por completo. Ponerse en los zapatos de otro siempre es costoso y mas si la situación es tan opuesta, simplemente para llegar a hablar de un determinado tema, en este caso, el ambiental, requería de un giro total en el discurso. Nos acogieron muy bien desde el principio, es mas desde su llegada a la lancha, ya mostraban interés hacia nosotros, aunque con cierta distancia. El taller resulto bien, no esperábamos menos, y posteriormente, con su profesor de arte, realizaron unos dibujos muy completos relacionados con lo que habían aprendido.


Los chicos nos acogieron súper bien, estuvieron encantados con nosotros e igual nosotros con ellos, además es lógico de comprender, no es una escuela que cada día reciba personas que estén dispuestas a sacrificar todo el día allí, por tan solo una o dos horas de trabajo. Por ello mismo, nos quitamos el sombrero ante la labor de la escuela, realizan un trabajo admirable cada día por el futuro de los chicos. Salimos a las 7.15 de la mañana y regresamos al puerto de Baradero, sobre las 5.15 de la tarde.


Al día siguiente madrugamos de nuevo para visitar la otra escuela de la isla, la nº 25, Marcos Sastre, pero ésta no esta tan lejos y la hora de partida nos regalaba unos minutos mas del preciado sueño de por la mañana. 



A las 7.45 am, y al igual que la otra lancha, va recogiendo a los pequeños a lo largo de los diferentes puertos que hay en el recorrido. También disponen de otra lancha que recoge a los chicos de otras partes de la Isla y los acerca hasta la escuela. Serán dos horas en cada recorrido.



En esta escuela, las características son bastante similares, poseen un grupo electrógeno para generar electricidad y un potabilizador de agua, sólo que la 25, es mas vulnerable a las lluvias e inundaciones, es de madera y la 27 es una construcción en material noble, que es mucho mas fuerte ante las crecidas del río.


Existe también otra diferencia y es relación a su ubicación geográfica, al estar la escuela en la otra dirección, se sitúa mas cerca de otros centros urbanos importantes del "continente", por ello, las familias a las que pertenecen los chicos, son algo mas acomodadas (algunas tienen también grupo electrógeno, tv, celular y otras cosas que les facilitan algo el día a día), y tampoco presentan tanto rechazo hacia el continente, como los otros chicos.


En ambos casos, las escuelas realizan un papel social muy importante, para los chicos, y para sus familias, siendo la escuela la referencia educativa, social y médica, ya que también cuentan con un servicio de enfermería que requiere de apoyo  urgente. Desde las escuelas también les aseguran las tres comidas básicas del día a los chicos, desayuno, almuerzo y merienda, y en varios casos, será lo único que toman en el día, les provee de ropas que provienen de caridad y los profesores las acercan hasta la escuela y allí las familias y los chicos pueden adquirir lo necesario, siendo esta ayuda de gran importancia, principalmente en el invierno.
En la 25 también nos acogieron muy bien, dado que tampoco hay muchas visitas a lo largo del curso.
El taller lo realizamos con ambos grupos, con primaria, que serían no mas de 15 alumnos y con secundaria, que también era un pequeño grupo. Los dos talleres salieron según lo planeado, mostraron interés con lo que trabajamos y, adaptado a su estilo de vida, también pudimos dejarles un mensaje.


Aún con las dificultades que la vida en la Isla parece representar, desde la mirada del continente, donde un día de corte de electricidad, es un día perdido, ya que dependemos casi al 100% de la electricidad, ni cocinar podemos, ni leer un libro, ni nada, aún así, los que viven en la Isla no quieren salir de ella.
Para nosotros la vida allí sería un infierno, pero ¿que es lo que hemos echo para que un paraíso como la Isla, un lugar aún virgen y bello donde se respira aire puro, nos llegue a parecer un infierno?



La respuesta es sencilla, todos nuestros inventos y adelantos han echo inhibir nuestras capacidades innatas de supervivencia, andar, correr, cazar, cultivar, cocinar, buscarnos la vida en dos palabras. No salimos de casa sin el celular, y si no podemos volver a buscarlo, pasamos el resto del día sufriendo por quién nos habrá llamado, ya no somos capaces de preparar una sopa, sino que viene en caja y el agua de manantial no nos sabe a nada, porque le falta el cloro. Desde este punto de vista, la isla sería un infierno, si, porque nos hemos convertido en servidores de nuestras propias invenciones.
Al menos, los verdaderos interesados en esta historia, los pobladores, valoran su espacio, su ambiente y agradecen que otros lo vean como un infierno, porque si el banco quisiera esas tierras, ya los habrían echado de allí hace rato.




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